La integración de las mujeres al mundo minero no sólo las transporta a una nueva experiencia laboral, sino también a una nueva dinámica de relación con sus seres más cercanos. En síntesis, son siete días trabajando y alojando en faena, y otros siete en casa y descansando. Una rutina poco convencional, pero que Paola Chancay y Luz María Núñez eligieron con convicción.

¿Es lo mismo trabajar en un sistema de turno 7x7 para una mujer que para un hombre? La pregunta es amplia y su respuesta estará supeditada a tantos factores como historias existan.

La familia, y el denominado “rol tradicional” asociado al género femenino, son algunos factores que inciden al momento de evaluar si una mujer está dispuesta a acceder a esta modalidad de trabajo. Sin embargo, el empoderamiento de la mujer en diferentes ámbitos de la sociedad, el aplazamiento de la maternidad y la creciente incorporación de trabajadoras al mundo de la minería, donde los sistemas de turno son la tónica, inciden en que cada vez sea más frecuente encontrar “mujeres 7X7”.

Las siguientes líneas ofrecen una mirada a este mundo a partir de la experiencia de dos mujeres incorporadas a este sistema en Antofagasta Minerals. Siete días trabajando y alojando en faena, y siete días descansando.

La familia como soporte

El caso de Paola Chancay, operadora Mina de Antucoya y ex jefe de turno en la planta de chancado y lixiviación de Minera Michilla, es diferente. Paola es madre de dos niñas de 11 y 18 años, y vive con sus padres. Desde siempre, su madre ha sido un apoyo incondicional en la crianza de sus hijas, tanto ahora que tiene un turno 7x7 como en su antiguo trabajo, donde su jornada era de 2x1 y 2x2. Es por ello que para sus niñas sus abuelos se volvieron un referente de autoridad tan importante como el de sus padres. “Si tú les preguntas, ellas siempre dicen que tienen dos mamás y dos papás: yo, sus dos abuelos y mi ex”, explica la operadora Mina.

Crisálida Castillo, mamá de Paola, dice que con su hija son una gran dupla, que han sabido respetar mutuamente las decisiones que toman en su rol de autoridad y crianza de las niñas. También admite que es estricta, como lo fueron con ella. “Rectas como palo de escoba, decía mi mamá, y así soy con ellas”, comenta riendo la abuela madre.

“Gracias a Dios me han ayudado a formar muy bien a mis hijas, no tengo nada que decir”, asegura con satisfacción la operadora Mina de Antucoya. Los días que está en la mina son de mucho contacto telefónico. Es en ese momento, confiesa, donde traman los planes para la semana de descanso. Este verano ha sido de varios viajes, acampar en la playa y muchos asados familiares. Entre risas, Crisálida corrobora esta parte de la historia. “Es que pasamos en eso no más cuando ella está abajo, a veces somos como treinta almorzando, desayunando o cenando”. Paola confirma que el turno 7x7 le permite hacer más cosas, viajar y dedicarle más tiempo a la familia, no sólo en verano, sino que también en el período de clases. “Cuando están mis hijas en clases me levanto temprano para darles desayuno, llevarlas al colegio, darles almuerzo e ir a buscarlas; trato de estar lo más presente que pueda”, sostiene. Otra ventaja de este sistema de trabajo, asegura, es que deja tiempo para cultivar las relaciones más cercanas. “Me hago el espacio para salir con mis amigas, no es todas las semanas, pero sí seguido, de no hacerlo estaría toda llena de canas y estresada”, comenta riéndose.

Claro que no todo son ventajas. Como ejemplo, cuenta que el año pasado no pudo asistir a la licenciatura de cuarto medio de su hija. “Coincidió con mi primer día de trabajo, pero sus abuelos organizaron algo sencillo, claro que después cuando bajé celebramos en grande, es cosa de adaptarse”, explica. Quizás lo más complicado será Navidad, reflexiona, aunque aún no le ha tocado esa experiencia en faena. “Pero son cosas del trabajo y uno se acostumbra”, concluye.

El amor que nació en una mina

En noviembre de 2011, Luz María Núñez comenzó el curso de aprendiz en operación mina en MLP, cumpliendo así un sueño que tuvo desde niña: estar al frente de los enormes camiones de extracción de cobre. Había poca dotación femenina y aún subsistía el prejuicio de que la minería era “un mundo de hombres”. Pero ella estaba convencida de lo que quería y se convirtió en la primera mujer operadora de un camión 930. “Siempre me gustó el tema de la minería. Si bien al principio entré por la necesidad de mantener a mi hijo Jorge, hoy de 14 años, mi meta era llegar a ser operadora. No me gustaba el trabajo de oficina como lo hacían en ese tiempo todas las mujeres”, comenta Luz.

Sin embargo, no se imaginó que su labor no sólo le iba a cambiar su carrera laboral, sino que también su vida personal. Porque a medida que se consolidaba en su rol, también llamó la atención de Héctor Molina. Él lleva diez años en Los Pelambres y nunca se imaginó que trabajaría a la par con una mujer. Mucho menos que sería su pareja. “Ella era la única mujer del grupo y nunca pensé que con el tiempo estaríamos juntos. Fue gracioso. Cuando recién comenzamos a tener onda, los compañeros nos molestaban y nos tiraban tallas, por lo que no fue tan fácil. Pero con el tiempo todos nos fuimos acostumbrando y ahora es normal nuestra relación”, señala Héctor. Así comenzaron y la familia se consolidó cuando en 2014, luego de decidir vivir juntos en Los Vilos, llegó Mateo, el primer hijo de la pareja. Sin embargo, ha costado esfuerzo mantener la unión y crecer como pareja, ya que desde el comienzo ambos trabajan en jornadas de 7x7, pero opuestas. Mientras Luz María labora de día, Héctor lo hace de noche. Por eso, cuando están en faena apenas se ven durante los cambios de turno, y sólo alcanzan a saludarse y darse un beso. En Los Vilos, los niños están al cuidado de una persona de confianza y semana por medio llegan a su hogar para compartir con los suyos.

“Al principio nos complicó mucho el tema de Mateo, ya que los dos teníamos que mantener nuestros respectivos trabajos. Afortunadamente, los niños están muy bien cuidados y nuestro tiempo libre lo destinamos por completo a ellos. Eso nos da la tranquilidad para seguir adelante”, comenta Luz María. Aunque hay matices. Jorge, el hijo mayor de Luz María, dice que cuando pequeño no se daba cuenta de la ausencia de su madre. Sólo sentía admiración por ella al verla manejar esos gigantescos camiones. Ahora admite que le encantaría pasar más tiempo junto a toda su familia. “Me gustaría que mi mamá tuviese un horario más flexible para compartir más con ella. Pero estoy muy orgulloso de lo que hace y me encantaría ser como ella cuando grande”, dice Jorge, mientras termina de desayunar en familia, antes que Luz María y Héctor vuelvan a la mina.